Repasando el primer tomo de nuestros libros de firmas nos hemos topado con esta página. Fue el 18 de marzo de 1995, el día de la boda en Sevilla de la infanta Elena. De aquello hace ya veinticuatro años. El centro de la capital andaluza estaba precioso, lleno de grandes jarrones con plantas y naranjas desde la víspera. Tal y como se explica en este enlace, la decisión de casarse en Sevilla fue de la propia infanta.

boda infanta Elena

El restaurante estaba hasta los topes los días previos al enlace. Algo lógico ante un evento de tal envergadura. El día de la boda de la infanta Elena nuestra cocina era puro frenesí. Sin embargo, aún quedaba pescado por vender, pues a las 21.00 horas recibimos la llamada de Javier Arenas. Con toda la naturalidad que le caracteriza dijo: “niño, que voy a ir a cenar con unos amigos que han estado invitados a la boda”.

Los invitados de la boda de la infanta Elena

Reajustamos las reservas pendientes de llegar y conseguimos preparar un comedor en la primera planta para ellos. Poco después, se abrió la puerta y comenzó el desfile: el propio Arenas, Antonio Burgos, Pedro J. Ramírez, Ágata Ruiz de la Prada, Camilo José Cela, Marina Castaño, José María Aznar, Ana Botella, Jaime Ybarra, Juan José Lucas… En definitiva, todos los que firmaron en la foto que hoy os mostramos. Como curiosidad: todos usaron su nombre excepto el señor Lucas, que remarcó su cargo, presidente de la Junta de Castilla y León.

Aún recordamos lo que cenaron. Fue todo al centro: papas aliñás, pavías de bacalao, jamón, flamenquines de espárragos verdes y cola de toro deshuesada. Para beber, Imperial reserva de Bodegas C.V.N.E. La cena la dejaron en nuestras manos, pero el vino fue elección expresa del señor Cela

La expresión en el rostro de los clientes que estaban en la barra viendo desfilar a tanto personaje conocido escaleras arriba era digna de fotografiar. El mejor detalle lo protagonizaron un grupo de señoras que habían venido desde un pueblo manchego con sus mantillas para ver desde primera fila la comitiva nupcial.

Al día siguiente volvieron para almorzar y nos pidieron hacerlo en la misma mesa que los personajes de la víspera y con el mismo menú. Al llegar a dicha mesa todas preguntaron lo mismo: ¿En qué silla se sentó Fulano? Todas la querían. ¿Qué cómo lo solucionaron? Pues turnándose mientras duró la comida. ¿Qué quién era Fulano? Ese es un secreto que prometimos guardar a nuestras estimadas clientas.